Lo Rojas

24 de mayo de 2015

Caminé rozando con el alma de mis pasos,

las navajas de las hojas y la arena,

que inundan de nostálgica felicidad,

cada célula de los átomos de mi cuerpo.

Mis sentidos fueron golpeados,

disminuidos por metálicos tentáculos,

venas que nacían de las entrañas del metal,

a las entrañas de flotantes aceros.

El hedor que respiraban los poros de mis poros,

golpearon mi cabeza sin impacto,

mis rodillas besaron la arena

alfombrada de baboso césped,

opacada por el desconsuelo.

Vomité con la tristeza del pingüino bañado de petróleo,

mis ojos miraron mi cerebro.

Llegaron señores obesos de ironía,

pesaron mis sentidos,

midieron mi desconsuelo,

tomaron mi vómito, lo vendieron y exportaron a tierras extranjeras

y ahora construyo con lágrimas peceras de hielo,

derretidos, en alfombras de esos pobres que miran sus cerebros,

con ojos transparentes,

como la convivencia humana.